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lunes, 27 de julio de 2009

viernes, 3 de julio de 2009

DE VUELTA A DONDE TODO COMENZÓ

Me encanta planificar mis viajes, no diré que más que el viaje mismo, pero sin duda el hecho de estar alimentado por expectativas e imaginación siempre pone ingredientes extras al asunto.

Éste en particular me va a reencontrar con el lado oculto de mi luna. Mi pasado perdido, mis mejores años. Los años de la niñez, a veces tan difusos en mi memoria, retornan con fuerza cuando alguien puede decirme que los pasó con la Joanna niña, esa figurita que a veces a soma en mis recuerdos.

Esto es así, no porque no fuera antes, de hecho hace menos de dos años volví pero las pequeñas calles de mi Barcelona no coincidieron con las recordadas. Pasa que al crecer la memoria distorsiona las impresiones infantiles, ahora es diferente porque me reencuentro con un hombre de mi pasado, alguien con el que viví dichos años, esta inesperada guía puede hacerme volver a mi colegio, a mi guardería, a la calle donde viví y di mis primeros pasos. Un hombre que cambió la vida de mi mamá, y por ahí derecho la mía.

Y es casi romántico, pues la madre que recuerdo caminaba por Barcelona con aires de altanería, se comía el mundo con su mirada, expiraba vida y recreaba la vida que soñó para mí. Mi madre en Colombia solo fue una enferma más.

Volver tiene de todo, el olor de mi niñez son las castañas que se cuecen en sus calles, es el aire envejecido con sensación de tortilla que se respira en sus bares y restaurantes. Y sus librerías, sus increíbles librerías llenas de polvo e historia.

Si, cuando hablo de volver a mi tierra pienso en ella, porque fue ahí donde di mis primeros pasos, donde solté mis primeras frases en un Catalá insipiente, donde aprendí a joder por la comida.

Es mí tierra, donde deje a mi mamá dormida….esa que no murió esperando volver…

domingo, 28 de junio de 2009

¿QUÉ TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA?



No encontré ninguna solución lógica a esa ecuación, no se puede llegar a Roma desde todos los caminos del globo terráqueo, para eso deberíamos vivir en la gran Pangea, y de eso hace miles de millones de años.

¿Qué preguntando se llega a Roma?, esa frase aunque recurrente en mi niñez no logró que le perdiera la fobia a preguntar el camino cuando estoy perdida. Siempre me encontraré buscando cualquier salida para no hacerlo, en eso yo soy el hombre de la relación.

Pero es un hecho, si preguntas a una agencia de viajes, probablemente encontraras una ruta aérea, o marítima si eres todo un aventurero y posees vacaciones de 6 meses. Entonces puede ser que de esa manera “algunos” caminos conduzcan a Roma y que preguntando cómo llegar, lógicamente llegues.

Estoy divagando, eso me pasa a veces cuando estoy muy emocionada….porque evidentemente....

¡¡ME VOY PA´ ROMA!!

domingo, 29 de marzo de 2009

"DE VUELTA A CARACAS"

Me preparo para hacer lo que creí que no haria de nuevo, me prometí no volver a Caracas en el corto plazo, no porque no tenga su encanto, sino porque ahí pase un año donde me probé muchas cosas que no preví volver a testear, cosas que ya aprendí y quería dejar en el pasado. Pero lo cierto es que vuelvo... y eso que suelo cumplir con mis promesas, por ejemplo, hace 15 años me prometí no volver a comer carne, y salvo una excepción en Buenos Aires e cumplido con esa infantil determinación, o cómo hace dos meses cuando decidí que dejaría el cigarrillo y al no creer en las dejadas de a poco, lo corté de raíz.
Pero hay otras cosas en las que mi voluntad siempre ha flaqueado, y aunque ya no le corro, aun me persigue el temor de las emociones que despierta en mí, a pesar del miedo me he mantenido pegada a su olor por años, con él mi voluntad se asemeja a una prostituta.
Lo sé y no me importa, vuelvo a sus brazos con el mismo corazón sonriente de aquella primera Semana Santa, y regreso a conmemorarla, voy feliz pero me asusta tener que volver justamente a esa casa. En ella me veo con sentimientos encontrados, con rincones que fueron mios y un día abandone a su suerte, rincones que fueron ocupados y desocupados de nuevo, corazones rotos y una que otra lágrima, algunas mías, algunas ajenas.
Mi cocina, mis cuadros, algunos de mis libros, mis plantas, mi telescopio donde reencontré la luna, los pequeños adornos que por el mundo he ido juntando, y uno que otro secreto. Le temo a esa casa, tan mía y tan ajena, le temo a sus rincones y a sus nuevos olores, le temo profundamente a las huellas que dejé para que se diluyeran con el viento, las cosas que no me quise traer para poder seguir volando sin remordimientos.
Mentiría si dijera que no me importa volver a ese décimo piso, pues de alguna manera siento que irrumpo, siento que saco de ahi fantasmas y es mi deseo vivir con el mismo cuidado de un monje tibetano, me gustaría no pisar nunca una hormiga, ni tener que matar zancudos, me gustaría pensar que nadie sale herido por mi existencia, que en mí no hay dolor ajeno ni propio. Pero eso es sin duda una ilusión, cometo errores y mato muchos insectos en mi caminar descuidado, me confundo y actúo con imprudencia, me voy segura de seguir el camino y me devuelvo segura de nada, abriendo y cerrando ilusiones ajenas.
Pero ni modo...vuelvo, y está vez estoy dispuesta a cerrar ciclos, voy a reencontrar la playa, esta vez lo hago con la linda convicción de ir porque me da la gana y no por obligación, vuelvo a reencontrar el clima perfecto de sus calles, voy porque es necesario despedirme de todo lo bueno que aprendí, vuelvo porque no voy a seguir huyendo, voy a ponerle la cara a mis temores, porque ya casi acaba todo, porque ya casi reuno todos los trozos que dejé esparcidos durante mi explosión, vuelvo porque es necesario rellenarme de ti, que te rellenes de mí, no acá, sino justamente allá donde nos perdimos, donde no nos vimos más. Justamente en esa casa, a la que culpamos de tantas cosas.
Esperame Caracas..... que para allá es que voy.

martes, 2 de diciembre de 2008

"ENTRE LLUVIAS"

En esta ciudad llevamos días y días viendo llover, las gotas son finas y eternas, este debe ser el único parecido de Bogotá con la brumosa Londres. Pensando en esto encontré un escrito que hice estando en Caracas, donde las lluvias tienen una forma diferente, me dio risa leerlo, tanto que se los voy a anexar aquí. ¡Quien sabe en que rayos andaba pensando!!

Las tormentas de trópico son memorables, son goterones de tamaño considerable que nublan el horizonte con una blanca cortina, duran lo que tienen que durar, usualmente es poco, cuando vienen con viento se puede ver las estelas de agua entrelazadas bailando al ritmo del cielo.
Antes de caer estas tormentas al contrario de disminuir la temperatura, se eleva hasta casi enloquecer, uno casi le pide al cielo que llueva para calmar el sofoco que provocan. Me pregunto si estas tormentas no serán la invocación de mucha gente deseando alivio y que aquello de la mente colectiva funciona y nos premia con los nombrados chaparrones.

Viendo esta tormenta caraqueña no puedo dejar de compararla con las tormentas de mi natal Cali, que me trajeron de vuelta las palabras de de mi abuela, ésta al mirar al cielo vaticinaba “hoy lloverán hasta maridos”. Cada vez que la oía decir eso, no podía dejar de pensar en el increíble valor que las mujeres le otorgan al hecho de tener un marido en la casa, es casi como poseer un animal en vía de extinción, como si los pobrecitos en vez de casarse se cazaran como bestias sabrosísimas, donde la consigna seria, “tener marido, ser o no ser”. Menos mal los tiempos cambian, y de las abuelas a nosotras hay mucho trecho, aún nos falta un poco, pero ahí vamos en la batalla contra el machismo.

Esta tormenta ya termino, cayó demasiado rápido y se extinguió dejando pozos enormes en las irregulares calles. Si me preguntan, no, no llovieron maridos, si así fuera en vez de una mojada ciudad tendríamos un genocidio sangriento tapizando las calles, por que caer de tan arriba podría resultar mortal y desagradable ¿y quien quiere un marido muerto?, me imagino a todas las mujeres haciéndose las bobas para no limpiar sus antejardines o maldiciendo su suerte por que éstos al estrellarse rompieron las tejas y dejaron grandes goteras. No, menos mal del cielo del trópico sólo cae lluvia, y las grandes y memorables tormentas sólo dejan grandes charcos y una temperatura agradable.